The Discovery of the New World (1492, Europe)

Doce de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos. ¡Tierra! Rodrigo de Triana, un marinero a bordo de La Pinta, gritó desde el palo mayor. Cristóbal Colón, el almirante de la expedición, levantó su catalejo. Pero, ¿a dónde habían navegado sus tres barcos después de todas estas semanas?

Años antes, en las cortes de Europa, Isabel Primera, Reina de Castilla, escuchó atentamente el ambicioso plan de Cristóbal Colón: llegar a las Indias Orientales navegando hacia el oeste. Muchos asesores, como el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, dudaron del plan. "Lo que propones es una locura", advirtió Fonseca. "Los marineros creen que el mundo es mucho más grande de lo que calculas".

La Santa María, la Niña y la Pinta partieron de Palos de la Frontera el tres de agosto de mil cuatrocientos noventa y dos. Martín Alonso Pinzón, capitán de la Pinta, conversó con su hermano, Vicente Yáñez Pinzón, capitán de la Niña. Martín dijo: "Debemos mantenernos vigilantes; las corrientes son impredecibles y los hombres están inquietos". Vicente respondió: "Llegaremos a las Indias, ten fe".

Después de semanas en el mar, la tripulación se puso ansiosa. "Nunca encontraremos tierra", gritó Juan de la Cosa, el cartógrafo de la Santa María, a Colón. "Es como dijo Leonardo da Vinci: 'El que está fijo a una estrella no cambia de opinión', y así, él no lo hace", respondió Colón. "Debemos continuar. No hay vuelta atrás".

Al desembarcar, Colón plantó la bandera de Castilla y León. Nombró a la isla San Salvador y la reclamó para España. Colón declaró a los nativos taínos: "¡En nombre del Rey Fernando Segundo y la Reina Isabel Primera, esta tierra es ahora suya!". Los taínos observaron, desconcertados, cómo estos extraños hombres reclamaban su hogar.

Doce de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos. El grito de Rodrigo de Triana traspasó la noche. Colón corrió a cubierta. El Nuevo Mundo, aunque aún no conocía su inmensidad, se alzaba ante ellos. Colón comprendió la magnitud de este descubrimiento.

Colón exploró otras islas, incluyendo Cuba y La Española, siempre buscando las riquezas de las Indias. Guacanagarix, un cacique taíno, dio la bienvenida a Colón, ofreciéndole regalos de oro. "Estos son regalos generosos", dijo Colón, "pero buscamos un pasaje a las tierras de las especias y la seda".

Colón regresó a España en mil cuatrocientos noventa y tres. Le presentó a la Reina Isabel Primera oro, aves exóticas y cautivos taínos. "¡He encontrado una nueva ruta a las Indias!", exclamó Colón. La Reina, aunque impresionada, se preguntó si el costo sería demasiado alto. ¿Traería este descubrimiento prosperidad o conflicto?

Aunque Colón creyó haber llegado a las Indias, en cambio había abierto la puerta a un Nuevo Mundo. Américo Vespucio, un explorador italiano, navegó más tarde por las costas de América del Sur. Él entendió que no era Asia, y escribió: "Hemos llegado a conocer un nuevo continente". Sus cartas fueron publicadas y el Nuevo Mundo fue nombrado "América" en su honor.

Los viajes de Colón cambiaron el mundo para siempre. Las potencias europeas se apresuraron a colonizar las Américas. Las consecuencias fueron de gran alcance: las rutas comerciales cambiaron, los imperios surgieron y cayeron, y las vidas de millones de pueblos indígenas se vieron alteradas para siempre. El mundo nunca volvió a ser el mismo.