Michael Jordan

Sonó la chicharra, pero el balón ya estaba en el aire, describiendo un arco hacia la canasta. La multitud rugió, una ola de ruido inundó la cancha. ¡Cayó a través de la red justo cuando el tiempo expiró!

Larry Jordan sonrió, regateando en círculos alrededor de su hermano menor. "¡Nunca me ganarás, Mikey!", se burló. Michael, más pequeño pero decidido, se lanzó a por el balón. "¡Sí, lo haré!", insistió, casi tropezando.

El entrenador Herring negó con la cabeza, sosteniendo la lista de pruebas. "Jordan, Michael? Lo siento, hijo, no entraste en el equipo universitario". Michael sintió que se le hundía el corazón. Murmuró por lo bajo: "Le mostraré. ¡Se arrepentirá de esa decisión!".

Deloris Jordan puso una mano en el hombro de Michael. "No te rindas, Michael. Usa esto como combustible, como motivación". Lo miró a los ojos. "Recuerda lo que dijo Helen Keller: 'Lo único peor que ser ciego es tener vista pero no visión'".

"Carolina en mi mente", dijo el entrenador Smith con una sonrisa, con el brazo alrededor de Michael. "Tienes el potencial de ser algo especial, Michael. Aquí aprenderás más sobre el trabajo en equipo que en cualquier otro lugar".

Patrick Ewing, una fuerza de la naturaleza en la cancha, condujo hacia la canasta. Michael, con los ojos fijos como láser, lo encontró en el aro. Chocaron, ¡sus cuerpos colisionaron en una muestra de puro atletismo! La multitud jadeó.

—Jerry, tenemos que hacer un cambio —insistió Michael—. Necesitamos a alguien que nos impulse, alguien que no tenga miedo de ser diferente. Reinsdorf asintió lentamente. —¿Te refieres a Dennis Rodman?

¡Scottie Pippen condujo hacia la canasta, pero su tiro fue bloqueado! El balón rebotó hacia Michael, quien estaba rodeado de defensores. ¡Estaba rodeado de defensores! Vio una abertura y se la pasó de nuevo a Rodman, quien se la devolvió a Pippen. Fue un ballet de trabajo en equipo.

El confeti caía, dorado y reluciente sobre las camisetas negras. Michael sostenía el trofeo en alto, con lágrimas corriendo por su rostro. "¡Lo hicimos! ¡Lo hicimos de nuevo!", sollozó. "Eso es lo que hace que todo valga la pena".

Años después, los jóvenes atletas todavía se atan las zapatillas, soñando con volar por el aire como Michael. Su legado se extiende más allá del baloncesto. Le mostró al mundo que la excelencia se construye un día a la vez: "Paso a paso. No veo otra forma de lograr nada".