The Sleeping Beauty in the Wood

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Bajo las olas, en un naufragio convertido en escuela, vivía Marina, una princesa que anhelaba algo más que castillos de coral. El viejo rey Neptuno, su padre, solo deseaba su seguridad. Pero una antigua maldición, susurrada por una bruja marina olvidada, amenazaba con condenar a Marina a un sueño sin fin. Tres hadas marinas, que alguna vez fueron piratas, tenían la clave de su destino: Perla, la valiente; Coral, la amable; y Abismo, la envidiosa.

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"Padre, anhelo ver el mundo más allá de nuestro arrecife", suspiró Marina, contemplando el agua reluciente. "Pero la maldición... ¡se cierne como un kraken en las profundidades!" El Rey Neptuno empuñó su tridente. "¡Esa malvada bruja del mar! Te protegeremos, Marina, ¡aunque eso signifique confinarte a este castillo para siempre!" Pearl, el hada marina, intervino. "Pero, señor, confinarla no es vivir. ¡Debemos encontrar una solución!"

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Coral, siempre la erudita, nadó hacia adelante, con un pergamino de algas desenrollado en sus manos. "¡He encontrado algo! Un texto antiguo habla de contrarrestar la maldición, pero solo tejiendo una capa de sombras y luz." Abyss se burló, "¿Sombras y luz? ¡Qué tontería! ¡Eso es solo un viejo cuento de pescadores!" Coral replicó: "'El viaje de mil millas comienza con un solo paso', como dijo Lao Tzu. Debemos intentarlo, Abyss. ¡El futuro de Marina depende de ello!"

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Las hadas marinas se pusieron a trabajar. Perla, con su valentía de pirata, se zambulló en las trincheras más oscuras para recolectar sombras, secretos susurrados del abismo. "Esto se siente mal", murmuró, saliendo a la superficie con un frasco de tinta negra arremolinada. "Estas sombras están... hambrientas". Abismo, tentada por el poder dentro de la oscuridad, extendió la mano hacia el frasco. "Déjame ver", susurró, con un extraño brillo en sus ojos.

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Mientras Abyss agarraba el frasco, un tentáculo de oscuridad se lanzó, atrapando su muñeca. "¡Está tratando de poseerme!", gritó ella, forcejeando. Coral intervino rápidamente, invocando un rayo de luz solar para cortar la oscuridad. "'La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la luz puede hacerlo', como dijo Martin Luther King Junior. ¡Abyss, debes resistir la tentación de este poder!".

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La oscuridad retrocedió, pero una sombra permaneció en el corazón de Abyss. Miró a Coral, luego a Marina. "¿Por qué debería tener ella toda la luz? ¿Toda la belleza?", siseó. Con un rápido movimiento, Abyss clavó una estaca de coral oscuro en la mano de Marina. "¡Ahora dormirás, princesa! ¡Dormirás hasta que un verdadero héroe te despierte!"

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Neptuno rugió de rabia, pero era demasiado tarde. Marina se estaba quedando dormida. El arrecife a su alrededor comenzó a oscurecerse, los colores vibrantes desvaneciéndose a gris. Acunó a Marina en sus brazos, con la voz quebrada. "Hija mía... ¿qué has hecho, Abismo?"

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Pasaron siglos. El barco hundido se convirtió en una leyenda. Pero la leyenda atrajo a un joven buzo, Kai, al arrecife, en busca de un tesoro perdido. Nadó por los pasillos desmoronados, con el corazón latiéndole con fuerza. "Este lugar... se siente diferente", susurró. Llegó a una cámara cubierta de coral, donde una sirena dormía.

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La reconoció de los murales descoloridos: la princesa Marina. ¿Podría ser? Recordó el cuento de un viejo marinero, una princesa condenada a dormir hasta ser despertada por el amor verdadero. Dubitativo, se quitó la máscara y la besó suavemente. Una ola de luz surgió por la cámara.

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Los ojos de Marina se abrieron. La maldición se había roto. El arrecife florecía con vida, más brillante que antes. Abismo, liberada de su envidia, abrazó a Marina, con el corazón lleno de remordimiento. La oscuridad que había anhelado no era nada comparada con la luz del perdón. La historia cuenta que la verdadera belleza no reside en el poder, sino en superar las sombras internas.