The Stone Flower

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En un jardín anidado bajo las raíces del Árbol Anciano vivía la Gente Flor: personas diminutas con piel de pétalo y corazones de polen. La Vieja Griselda, la anciana del pueblo, guardaba un secreto, un susurro de magia tejido en la tierra. El joven Leif, inquieto y anhelando más allá de los límites del jardín, soñaba con la legendaria Flor de Piedra. Sabía que esta flor, el corazón de su mundo, se estaba marchitando. Su historia es la búsqueda de su restauración.

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Leif cuidaba las flores de pétalos luminosos, con el corazón apesadumbrado. "¿Por qué Griselda mantiene las viejas costumbres?", le preguntó a Briar, su amigo. "¡La Flor de Piedra podría salvarnos!". Briar, práctico como siempre, respondió: "El bosque más allá es peligroso. Los Alaespinas no han sido vistos en décadas". Leif suspiró: "Si no encontramos una cura, todos nos convertiremos en polvo con la primera helada de esta estación".

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Griselda se acercó, su voz áspera como hojas secas. "La curiosidad mató al gato, Leif, o eso me dijo mi hermano mayor, quien a menudo citaba a Ben Jonson. Algunos conocimientos es mejor dejarlos enterrados". Leif replicó: "¿Pero qué hay de la Flor, Griselda?". Ella levantó una hoja marchita. "Esto es todo lo que queda de su flor. La respuesta no está en la naturaleza, sino en entender lo que ya tienes. Cuida tu jardín, pequeño".

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Esa noche, Leif soñó con un sendero sinuoso que se adentraba en el bosque oscuro, un único rayo de luz iluminando un pétalo brillante, parecido a una piedra. Le confió a Briar: "Tengo que ir, Briar. Tengo que intentarlo". Ella le apretó la mano. "Entonces iré contigo. Si el bosque es lo desconocido, lo enfrentaremos juntos".

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En lo profundo del bosque, una voz siseó: "¿Buscan algo, pequeños brotes?". Un Ala de Cardo, de facciones afiladas, piel morada y alas espinosas, emergió de las sombras. "¿La Flor de Piedra?", se rió entre dientes, "Sé dónde está. Pero el conocimiento tiene un precio". Leif dio un paso adelante: "¿Qué precio?". Los ojos del Ala de Cardo brillaron. "Un secreto por un secreto. Dime qué esconde el Anciano".

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Briar agarró el brazo de Leif. "¡No le digas nada, Leif! ¡Es un embaucador!" Pero el atractivo de la Flor de Piedra era demasiado fuerte. Leif, con voz temblorosa, reveló: "Griselda guarda la última semilla de la Flor, encerrada porque floreció de la codicia". El Thistlewing cacareó. "¡Excelente! Ahora, síganme".

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El Alathistle los condujo a una cueva de cristal, donde un único pétalo, parecido a una piedra, pulsaba con una luz tenue. "¡Aquí está!", exclamó, gesticulando dramáticamente, "Pero primero, la semilla debe ser liberada. Su magia es lo que se necesita. ¡La semilla es la clave para restaurar la flor en nuestras manos!" Agarró la semilla. "¡Esto será mío! ¡Restauraré su antigua flor para tomar el poder!"

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Briar empujó al Thistlewing a un lado, agarrando el pétalo, pero Leif sabía qué hacer. "¡Florece de la codicia!", gritó Leif, recordando las palabras de Griselda. Sacó un puñado de semillas de pétalos luminosos de su bolsa y las esparció sobre el pétalo de piedra. Al instante, una luz cegadora estalló, seguida de una ola de polen.

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Cuando la luz disminuyó, la Flor de Piedra había desaparecido. En su lugar florecía un campo de vibrantes pétalos luminosos, su luz más fuerte que nunca. El Ala de Cardo se marchitó hasta convertirse en polvo. "No se trataba de la Flor de Piedra", se dio cuenta Briar, sonriendo a Leif. "Se trataba de entender el valor de lo que ya tenemos, nuestra habilidad natural y amor por el mundo".

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De vuelta en el jardín, las flores de pétalos luminosos brillaban más que nunca. Griselda sonrió con complicidad. Leif entendió. La magia de la Flor de Piedra no se había perdido, se había transformado, recordándoles que el verdadero florecimiento no proviene de perseguir el poder, sino de nutrir lo que ya existe dentro de ellos. "El impedimento para la acción impulsa la acción", murmuró Leif. "Como dice a menudo mi amiga mayor, Suzanne Cory, la bióloga molecular australiana".