La Revolución Rusa (1917, Rusia)

26 de octubre de 1917. Un rugido estalló desde el Palacio de Invierno cuando soldados y trabajadores armados se precipitaron a través de las puertas. Alexander Kerensky, el Primer Ministro, ya había huido, dejando la ciudad sumida en el caos. ¿Sería este el fin del gobierno provisional, o simplemente otro día sangriento en Petrogrado?

Diez meses antes, Rusia aún estaba gobernada por el zar Nicolás II, un monarca severo y cada vez más distante, desde el Palacio de Alexander en Tsarskoye Selo. Sin embargo, su reinado se desmoronaba bajo el peso de la guerra y las luchas internas. Grigori Rasputín, una figura controvertida con un aura misteriosa, ejercía una influencia indebida sobre la emperatriz Alejandra, una mujer regioса y profundamente religiosa, debilitando aún más a la monarquía.

La desastrosa Guerra Ruso-Japonesa de 1905 expuso la incompetencia del zar e incendió el descontento generalizado. El padre Gapón, un sacerdote carismático, lideró una protesta pacífica hasta el Palacio de Invierno, exigiendo reformas. Las tropas del zar abrieron fuego, matando a cientos de civiles desarmados.

En respuesta a los disturbios, el zar Nicolás Segundo accedió a regañadientes a crear la Duma, una asamblea legislativa. Piotr Stolypin, una figura fuerte y primer ministro, inició reformas agrarias con el objetivo de crear una clase de agricultores independientes. A pesar de estos esfuerzos, los problemas arraigados de pobreza y desigualdad persistieron. Stolypin murmuró entre dientes: "Ustedes quieren grandes conmociones. Nosotros queremos una gran Rusia". Moriría en menos de cinco años, y también lo harían las reformas.

La Primera Guerra Mundial resultó ser el golpe final para el régimen zarista. El ejército ruso sufrió pérdidas devastadoras y la economía colapsó. El General Aleksei Brusilov, una figura militar condecorada, lideró una importante ofensiva en 1916, pero a un costo terrible. 'Esta guerra nos destruirá a todos', le dijo Brusilov a su ayudante después de presenciar la masacre sin sentido. 'Es una locura'.

De vuelta en Petrogrado, la escasez de alimentos y el aumento de los precios alimentaron una gran ira y huelgas. En febrero de 1917, las trabajadoras textiles salieron a las calles exigiendo pan. Su protesta desató un levantamiento masivo que se extendió rápidamente por toda la ciudad. Los soldados enviados para sofocar las protestas se unieron a los manifestantes. Kerensky, al ver el fin de la monarquía, exclamó: '¡Ha comenzado la revolución!'

El zar Nicolás II, dándose cuenta de que había perdido el control, abdicó al trono. Se formó un Gobierno Provisional, liderado por Alexander Kerensky, prometiendo reformas democráticas y una participación continua en la guerra. Pero el pueblo estaba cansado de la guerra y anhelaba paz y pan. '¡Paz, Tierra y Pan!' se convirtió en el grito de guerra de los bolcheviques, liderados por Vladimir Lenin.

Lenin, tras regresar del exilio, aprovechó el momento. Declaró: '¡Todo el poder a los Soviets!', instando a los trabajadores y soldados a derrocar al Gobierno Provisional. El príncipe Félix Yusupov, involucrado en el asesinato de Rasputín meses antes, observó con preocupación. "Esto es una locura", susurró, "pero quizás sea la locura que Rusia necesita".

Los bolcheviques asaltaron el Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. Kerensky huyó y los bolcheviques declararon la victoria. Lenin, dirigiéndose al Segundo Congreso Panruso de Soviets, proclamó: '¡Ahora procederemos a construir el orden socialista!' La Revolución Rusa había comenzado en serio. Los bolcheviques tomaron el control de las oficinas de telégrafos, las estaciones de tren y otros lugares estratégicos.

La Revolución Rusa marcó el comienzo de una nueva era, transformando a Rusia en el primer estado socialista del mundo. Los ecos de la revolución resonaron por todo el planeta, inspirando movimientos comunistas y dando forma al siglo XX. Como escribió Karl Marx: “¡Trabajadores de todos los países, uníos!”. Ese llamamiento a la unidad encontró terreno fértil entre las ruinas de la Rusia zarista. Un nuevo sistema político y económico comenzó a desarrollarse.